La décima taza de café

La décima taza de café

La crónica que estoy a punto de escribir, se puede encasillar dentro de la categoría cuentos cortos de terror. A mí me encantaba beber por lo menos una taza de café al día, pues me ayudaba a relajarme.

Precisamente sucede que una tarde encendí mi ordenador y me dispuse a trabajar en un proyecto importante de mi trabajo. Sabía que dicha encomienda me llevaría toda la noche. Por ese motivo, me cerciore de que la cafetera estuviera totalmente llena (unas 20 tazas aproximadamente).

La coloqué en una mesita junto a mi escritorio y utilizando una extensión, la conecté a la corriente eléctrica para que mantuviera su temperatura.

Yo soy una de esas personas que en el momento en que empieza a laborar, necesita estar en un ambiente callado para poder trabajar. Digo esto porque mi vecino puso un disco de música estridente, lo que me hizo colocarme dos pedazos de algodón en mis oídos, para abstraerme del mundo exterior.

Los minutos pasaban literalmente como agua. Ya el reloj marcaba las tres de la mañana y mi trabajo parecía no avanzar. De acuerdo con la escala de mi cafetera, para ese entonces ya había tomado siete tazas de café.

Más en el instante en que llegué a la décima (más o menos a las cinco de la mañana) comencé a ver a un pequeño elfo sentado frente a mí. Su rostro era muy feo y su mirada me daba escalofríos.

No hablaba ni hacía ninguna gesticulación. Sólo se limitaba a mirarme fijamente y aproximarse poco a poco hasta donde yo estaba. Me sentía como en esas ocasiones en las que otra persona invade tu espacio vital y no te deja respirar.

Grité exasperado:

– ¡Lárgate, no me dejas concentrar!

El elfo soltó una risotada fortísima. Su risa hizo que las paredes vibraran. Corrí a mi habitación, mirando hacia atrás, pues no quería que él me siguiera. Cerré con llave la puerta y me metí bajo las cobijas.

Al día siguiente desperté sudando frío y fui a ver al médico. Éste me dijo que esas “alucinaciones” fueron causadas por el exceso de café. Pero a pesar de que ya llevo más de un año sin beberlo, continuó viendo al elfo sentado en un sillón de mi sala.

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