Le sucedió a un trailero

Le sucedió a un trailero

Las personas que se dedican a transportar mercancía a lo largo y ancho de los países tienen una de las profesiones más riesgosas que existen. Tal vez sólo comparable con los médicos cirujanos o la gente que maniobra maquinaria pesada.

En todos esos casos anteriormente señalados, se requiere que la persona que esté al frente de la situación, tenga completo control. Es decir, que sus reflejos funcionen al 100%.

Hay cuentos de terror cortos que nos refieren anécdotas acerca de chóferes que se dedican a asesinar a mujeres solitarias que vagan por los caminos o tráileres que se conducen solos.

A pesar de eso, preexisten otros que parten de un hecho común y corriente. A Ignacio le faltaban unas 200 millas para llegar a su hogar. Ya no quería detenerse en ninguna hostelería, ni restaurante, ya que lo único que deseaba era ver a su familia.

Esa jornada de trabajo en particular, había sido agotadora. Llevaba sin detenerse más de ocho horas continuas. De pronto los frenos de su tráiler comenzaron a fallar. Usó su fuerza y su pericia para que en la unidad no terminara estrellada contra el cerro o bien que cayera al precipicio.

En eso estaba cuando uno de sus mapas se deslizó bajo el asiento del copiloto. Antes de agacharse recogerlo, se cercioró de que la carretera estuviera absolutamente sola. Sin embargo, durante este pequeño lapso de distracción algo golpeó el frente del transporte.

– Maldición, creo que ya maté algo.

Abrió la portezuela y de un brinco bajo, se puso en frente del tráiler y vio horrorizado como el cuerpo de un niño sin vida se balanceaba en uno de los faros.

Tomó el cuerpo delicadamente y lo dejó en una de las laderas del camino, con la esperanza de que ningún otro automovilista lo hubiera visto.

Como pudo quitó los restos de sangre del faro y continuó su marcha sin mirar atrás.

Ya en su garaje encendió la luz para poder apreciar en mayor detalle lo que había pasado y se fue de espaldas al observar que en el techo del tráiler yacía el espíritu del niño atropellado llorando sin cesar.

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